Juan José Saer
es uno de los escritores argentinos más importantes del siglo XX. Su vasta obra
narrativa, considerada una de las máximas expresiones de la literatura
argentina contemporánea, abarca cuatro libros de cuentos: “En
Fue profesor
de
La segunda
novela mencionada, es el objeto de estudio en el cual se basará el presente
trabajo, su forma presenta cierta dificultad en el análisis a partir de la
teoría propuesta por Roland Barthes en su “Introducción
al análisis estructural de los relatos”. Hablamos de dificultad, ya que la
innovación narrativa y la experimentación en el lenguaje que presenta esta obra
de Saer traen aparejados, cuestionamientos que escapan a los estudios
realizados sobre el relato, debido a la complejidad de su estructura. Por lo
tanto, se presenta el desafío de contrastar esta teoría literaria con la obra
seleccionada.
“Cicatrices” fue publicada por primera
vez en Buenos Aires en 1969, cuando su autor tenía 32 años y ya se perfilaba
como un narrador original. La anécdota central es la historia de un obrero
metalúrgico, Luis Fiore, que asesina a su mujer un 1º de Mayo. Desde este hecho
surgen los cuatros relatos que componen la
novela: el relato de un joven periodista, el de un abogado maduro y
jugador compulsivo, el de un juez que está a cargo del caso y por último el
relato del asesino.
¿En que radica
la complejidad de la estructura de este relato? ¿Esta novela puede ser
analizada desde una perspectiva estructuralista? ¿Cómo aparecen los niveles de descripción
de este relato? ¿Qué elementos planteados por Roland Barthes pueden ser
identificados? ¿Cuáles son las funciones cardinales o hilos narrativos que unen
un relato con otro y tejen el sentido de esta historia? En la búsqueda de la
explicación a estos interrogantes surgen dos propuestas de análisis, la primera
desde una perspectiva específica de cada relato, de cada personaje que deja su
propia visión de la historia. Y la segunda como resultado de la primera,
analizar la novela en su conjunto, ya desde una mirada general, como un gran
relato de una sola historia, pero que está fragmentada en los múltiples puntos
de vista de los personajes participantes. El desafío entonces, reside en
reconstruir la historia a partir del estudio de sus partes para unir los lazos
de sentido que la conforman, como el arduo trabajo del tejedor, unir los hilos,
entrelazarlos cuidadosamente para obtener un resultado. Y así poder comprobar
si Luis Fiore estaba en lo cierto cuando
menciona, justo antes de suicidarse, que “los pedazos no se pueden juntar”.
Primera Parte: Tejiendo lo destejido…
La complejidad del relato:
“La narración ha dejado de ser para mí una simple posibilidad de expresión para convertirse, menos gratificante, en un problema: problema no de qué, esencialmente, decir, sino de cómo decir”.
Juan José Saer
Son
innumerables los relatos que existen y podemos encontrar una gran variedad de
géneros. El relato está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en
todas las sociedades y comienza en la historia misma de la humanidad.
“Cicatrices”
que pertenece al género narrativo se presenta como un relato en el que se
entrelazan otros relatos (o tal vez como relatos compilados de una misma
historia), por esto podemos determinar que “la novela es una representación de
discursos por medio de discursos”[1]
y su característica intrínseca es la “plurivocidad”[2],
sobre todo las novelas pertenecientes a la narrativa del siglo XX, como es el
caso de esta. Estos conceptos fueron propuestos por Mijail Bajtín en su
propósito de explicar el fenómeno de la literatura como el producto de un
discurso o de discursos sociales, ya que la misma es una práctica social. De
allí nace la complejidad inherente a la novela en sí, especialmente la
complejidad de ésta.
El entrecruzamiento
de voces, de discursos e ideologías atañe a cualquier lectura y se manifiesta
en ella. Sin embargo más allá del contenido, del sentido… está la forma. Y en
la forma de “Cicatrices” reside su originalidad. Y ¿En qué reside la
originalidad de un texto literario? Desde la mirada de los formalistas rusos,
lo singular de la literatura está en su forma, en cómo se dice lo que se dice,
en el uso especial y elaborado del lenguaje. “El relato es una simple
repetición fatigosa de acontecimientos, en cuyo caso sólo se puede hablar de
ellos remitiéndose al arte, al talento o al genio del relator (del autor) o
bien posee en común con otros relatos una estructura accesible al análisis por
mucha paciencia que quiera poder enunciarla; pues hay un abismo entre lo
aleatorio más complejo y la combinatoria más simple y nadie puede combinar
(producir) un relato, sin referirse a un sistema implícito de unidades y de
reglas” La lengua.
Saer hace un
especial manejo de los materiales literarios según su propio criterio estilístico,
experimenta con el lenguaje y dispone los elementos narrativos de manera tal
que puede alterarlos a su antojo, como un experimento de laboratorio. Un claro
ejemplo de esta experimentación es la representación diferente de los diálogos
en cada uno de los relatos de los personajes, en el de Ángel éstos aparecen
distinguidos con los guiones, como discurso de estilo directo, el que reproduce
lo que dicen los personajes de forma literal:
“-Tomatis- le dije -¿No te diste cuenta de que
estaba hablándole director en el momento en que te levantaste y te fuiste del
restaurante?
-Sí- me dijo.
-¿Y por qué te levantaste?- le dije.
-Me paga un sueldo para que escriba su diario, no
para que oiga sus discursos.”[3]
Mientras que
en el de Sergio, aparecen sin marcas, con una sangría que los separa:
Se mezclan el
discurso de estilo directo con el de estilo indirecto:
“Me preguntó si había cobrado la hipoteca, y le dije
que sí, y entonces me pidió veinticinco mil pesos prestados. Yo emití una sonrisa
seca, abrí la caja de té, y le mostré el cheque. Tomatis lo miró con unos ojos
grandes como monedas de veinticinco
pesos, después silbó.
A
parte de esto, dije yo, no hay en toda la casa una chirola.
Se
encogió de hombros.
Por
lo menos, dije yo, hubieses escuchado la lectura.
Me
dijo que la había escuchado.”[4]
En el relato
de Ernesto los diálogos no están separados de la narración, sólo se los
identifica con comillas, como discurso directo. Además aparece el discurso
referido indirecto, donde se reproduce lo que otros dijeron, haciendo
referencia a lo que otro dijo:
“El gorila rubio esta detrás del mostrador y se para
de golpe al vernos entrar. Nos saluda y nos pregunta si queremos tomar algo.
“Él estaba parado ahí”, dice después, señalando con la cabeza al extremo del
mostrador, próximo a la pared del frente”[5]
Por último en
el relato de Luis Fiore los diálogos son precisos, objetivos, no dan mucha
información sino la justa y necesaria, el estilo es directo:
“-¿No vas a volver a cerrar la tranquera?- dice.
-Estás borracho- dice.
-El señor se cree dueño del mundo y no es más que un
ladrón de sindicatos- dice.”[6].
Esta distinción marcada en la reproducción de las voces demuestra las diferentes personalidades de los personajes que cuentan y los hace más reales o verosímiles. La subjetividad de cada uno nos hace dudar de la exactitud de los hechos, al final no se sabe con certeza cual es la verdad y los motivos del asesinato.
La narración:
El texto narrativo es producto de la
articulación de tres aspectos: las acciones narradas (la historia), las
funciones que componen la historia (el relato) y la narración, o proceso por el
cual un sujeto (narrador) asume la función de contar una historia. La ruptura
que los escritores posteriores al Boom -como es el caso de Saer- llevaron a
cabo con respecto a las formas tradicionales de narrar, hizo que la atención se
desplazara desde los hechos narrados (la historia), hacia el modo de narrarla,
esto es, hacia el relato y la narración.
Narrar una
historia siempre implica asumir una perspectiva que otorgue sentido a los
hechos. El narrador cuenta los hechos desde un cierto campo visual (esto es,
según el lugar donde se ubique, puede “ver” con mayor claridad o no) y también
a partir de una toma de posición acerca de los hechos que narra (por ejemplo,
los valora, los desprecia o duda acerca de ellos). Por ejemplo, en la escena de
la declaración, que es una escena clave, ya que es el punto de encuentro de las
cuatro historias, Ángel la relata desde su visión de los hechos, desde el lugar
que ocupaba en ese momento y su participación en el caso, además describe al
asesino como el lo ve: “Tenía la barba de
por lo menos una semana, y los ojos apagados. Se veía bien que hacía por lo
menos tres días que no se lavaba la cara. Tenía un pulóver que dejaba ver una
camisa de lana por debajo del cuello en forma de v corta y unos pantalones
arrugados y sucios, no sé de que color. Los zapatos estaban llenos de barro seco”[7]
la descripción que hace Ángel del asesino es minuciosa y es él, el que nos da
más datos sobre el suicidio y la declaración: “Cuando habló su voz sonó delgadísima, casi en falsete y muy débil.
-Juez- dijo.
Ernesto no respondió. El tipo se inclinó todavía más
y yo vi que sus ojos estaban ya cerrados y apretados.
-Juez –repitió, con su voz en falsete.
Comenzó a sacudir lentamente la cabeza.
-Los pedazos – dijo-. No se pueden juntar.
Después saltó. Ninguno de los tres – Ernesto, el
secretario, yo- se movió hasta que se oyó el estruendo de los vidrios y el tipo
desapareció de la habitación...”[8] es a partir de su mirada que podemos conocer por ejemplo que fue
lo que dijo Fiore antes de saltar por la ventana, y los detalles del salto y
del diálogo anterior a la toma de esa decisión, también de las actitudes de los
otros que estaban en el lugar, las reacciones: “Entonces el secretario se puso a correr por la habitación, diciendo
“Dios mío” a cada momento. Ernesto le dio un empujón cuando el secretario le
cortó el paso mientras él avanzaba lentamente hacia la puerta del corredor…”[9]
. En el relato del Juez que le estaba tomando la declaración no se percibe
ni una gota de humanismo, Ernesto es frío e indiferente ante los hechos, y
presenta una mirada despectiva ante los demás, especialmente ante el suicidio
de Fiore: “El asesino mira por la
ventana, por la que entra la luz gris. “¿Su nombre es Luis Fiore?, le pregunto.
Sacude la cabeza. Después me mira fijamente y me dice:Juez”. Después dice no
sé qué cosa y salta por la ventana. Hay un estruendo de vidrios rotos, y
después nada más...”[10]
Por lo tanto,
un mismo hecho puede generar relatos diferentes según las miradas o
perspectivas desde las que el narrador observa el acontecimiento.
En Cicatrices el narrador sabe lo mismo que el personaje: el narrador narra desde el punto de vista de un determinado personaje, que vienen a ser lo mismo, narrador y personaje a la vez, (lo que se denomina visión con); por lo tanto, narra sólo lo que ve y sabe ese personaje.
La multiplicidad de la mirada
En Cicatrices,
el lector conoce el mismo hecho a partir del relato de diferentes narradores,
cada uno de los cuales tiene una perspectiva propia. La escena del asesinato
aparece en el relato de cada narrador se repiten imágenes, situaciones y
lugares como si se dudara de la manera de percibirlos. Saer consideraba que el
realismo como categoría estética era inexistente y que había “tantos realismos
como sujetos”. La narración de los hechos es, por tal motivo precisa y
minuciosa y está guiada por el afán de registrar la acción desplegada en su
mínimo detalle.
Si quieres leer la segunda parte, haz click en el siguiente enlace "Cicatrices" Juan José Saer. Las cicatrices de un análisis estructural
[1] Mijail Bajtín, art. cit. de Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz
(1983): Literatura y Sociedad. Buenos Aires: Edicial.
[2] Mijail Bajtín, art. cit. de Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz (1983): Literatura y Sociedad. Buenos Aires: Edicial.
[3] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed.
[4] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed.
[5] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed.
[6] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed.
[7] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed.
[8] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed.
[9] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed.


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