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domingo, 19 de julio de 2020

"Cicatrices": "El desafío de un análisis estructural" (novela de Juan José Saer)


Juan José Saer es uno de los escritores argentinos más importantes del siglo XX. Su vasta obra narrativa, considerada una de las máximas expresiones de la literatura argentina contemporánea, abarca cuatro libros de cuentos: “En la Zona” (1960), “Palo y Hueso” (1965), “Unidad de Lugar” (1967), “La Mayor” (1976)- y diez novelas: “Responso” (1964), “La vuelta Completa” (1966), “Cicatrices” (1969), “El limonero real” (1974), “Nadie Nada Nunca” (1980), “El Entenado” (1983), “Glosa” (1985), “La Ocasión” (1986, Premio Nadal), “Lo Imborrable” (1992) y “La Pesquisa” (1994). En 1991 publicó el ensayo “El río sin orillas”, con gran repercusión en la crítica, y en 1997, “El concepto de ficción”. Su producción poética está recogida en “El arte de narrar” (1977).

Fue profesor de la Universidad Nacional del Litoral, donde enseñó “Historia del Cine” y “Crítica y Estética cinematográfica”, sus conocimientos en este ámbito artístico, resultaron fundamentales a la hora de la creación narrativa, ya en sus obras utilizó recursos provenientes del cine, como técnicas de montaje, ruptura temporal y fragmentación de planos espaciales y temporales. Este aspecto se ve claramente en “El Limonero Real” y en “Cicatrices”.

La segunda novela mencionada, es el objeto de estudio en el cual se basará el presente trabajo, su forma presenta cierta dificultad en el análisis a partir de la teoría propuesta por Roland Barthes en su “Introducción al análisis estructural de los relatos”. Hablamos de dificultad, ya que la innovación narrativa y la experimentación en el lenguaje que presenta esta obra de Saer traen aparejados, cuestionamientos que escapan a los estudios realizados sobre el relato, debido a la complejidad de su estructura. Por lo tanto, se presenta el desafío de contrastar esta teoría literaria con la obra seleccionada.

Cicatrices” fue publicada por primera vez en Buenos Aires en 1969, cuando su autor tenía 32 años y ya se perfilaba como un narrador original. La anécdota central es la historia de un obrero metalúrgico, Luis Fiore, que asesina a su mujer un 1º de Mayo. Desde este hecho surgen los cuatros relatos que componen la  novela: el relato de un joven periodista, el de un abogado maduro y jugador compulsivo, el de un juez que está a cargo del caso y por último el relato del asesino.

¿En que radica la complejidad de la estructura de este relato? ¿Esta novela puede ser analizada desde una perspectiva estructuralista? ¿Cómo aparecen los niveles de descripción de este relato? ¿Qué elementos planteados por Roland Barthes pueden ser identificados? ¿Cuáles son las funciones cardinales o hilos narrativos que unen un relato con otro y tejen el sentido de esta historia? En la búsqueda de la explicación a estos interrogantes surgen dos propuestas de análisis, la primera desde una perspectiva específica de cada relato, de cada personaje que deja su propia visión de la historia. Y la segunda como resultado de la primera, analizar la novela en su conjunto, ya desde una mirada general, como un gran relato de una sola historia, pero que está fragmentada en los múltiples puntos de vista de los personajes participantes. El desafío entonces, reside en reconstruir la historia a partir del estudio de sus partes para unir los lazos de sentido que la conforman, como el arduo trabajo del tejedor, unir los hilos, entrelazarlos cuidadosamente para obtener un resultado. Y así poder comprobar si Luis Fiore estaba en lo cierto  cuando menciona, justo antes de suicidarse, que “los pedazos no se pueden juntar”.  


Primera Parte: Tejiendo lo destejido…

La complejidad del relato:

“La narración ha dejado de ser para mí una simple posibilidad de expresión para convertirse, menos gratificante, en un problema: problema no de qué, esencialmente, decir, sino de cómo decir”.

Juan José Saer

 

Son innumerables los relatos que existen y podemos encontrar una gran variedad de géneros. El relato está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las sociedades y comienza en la historia misma de la humanidad.

“Cicatrices” que pertenece al género narrativo se presenta como un relato en el que se entrelazan otros relatos (o tal vez como relatos compilados de una misma historia), por esto podemos determinar que “la novela es una representación de discursos por medio de discursos”[1] y su característica intrínseca es la “plurivocidad”[2], sobre todo las novelas pertenecientes a la narrativa del siglo XX, como es el caso de esta. Estos conceptos fueron propuestos por Mijail Bajtín en su propósito de explicar el fenómeno de la literatura como el producto de un discurso o de discursos sociales, ya que la misma es una práctica social. De allí nace la complejidad inherente a la novela en sí, especialmente la complejidad de ésta.

El entrecruzamiento de voces, de discursos e ideologías atañe a cualquier lectura y se manifiesta en ella. Sin embargo más allá del contenido, del sentido… está la forma. Y en la forma de “Cicatrices” reside su originalidad. Y ¿En qué reside la originalidad de un texto literario? Desde la mirada de los formalistas rusos, lo singular de la literatura está en su forma, en cómo se dice lo que se dice, en el uso especial y elaborado del lenguaje. “El relato es una simple repetición fatigosa de acontecimientos, en cuyo caso sólo se puede hablar de ellos remitiéndose al arte, al talento o al genio del relator (del autor) o bien posee en común con otros relatos una estructura accesible al análisis por mucha paciencia que quiera poder enunciarla; pues hay un abismo entre lo aleatorio más complejo y la combinatoria más simple y nadie puede combinar (producir) un relato, sin referirse a un sistema implícito de unidades y de reglas” La lengua.

Saer hace un especial manejo de los materiales literarios según su propio criterio estilístico, experimenta con el lenguaje y dispone los elementos narrativos de manera tal que puede alterarlos a su antojo, como un experimento de laboratorio. Un claro ejemplo de esta experimentación es la representación diferente de los diálogos en cada uno de los relatos de los personajes, en el de Ángel éstos aparecen distinguidos con los guiones, como discurso de estilo directo, el que reproduce lo que dicen los personajes de forma literal:

“-Tomatis- le dije -¿No te diste cuenta de que estaba hablándole director en el momento en que te levantaste y te fuiste del restaurante?

-Sí- me dijo.

-¿Y por qué te levantaste?- le dije.

-Me paga un sueldo para que escriba su diario, no para que oiga sus discursos.”[3]


Mientras que en el de Sergio, aparecen sin marcas, con una sangría que los separa:

Se mezclan el discurso de estilo directo con el de estilo indirecto:

“Me preguntó si había cobrado la hipoteca, y le dije que sí, y entonces me pidió veinticinco mil pesos prestados. Yo emití una sonrisa seca, abrí la caja de té, y le mostré el cheque. Tomatis lo miró con unos ojos grandes como monedas  de veinticinco pesos, después silbó.

            A parte de esto, dije yo, no hay en toda la casa una chirola.

            Se encogió de hombros.

            Por lo menos, dije yo, hubieses escuchado la lectura.

            Me dijo que la había escuchado.”[4]

En el relato de Ernesto los diálogos no están separados de la narración, sólo se los identifica con comillas, como discurso directo. Además aparece el discurso referido indirecto, donde se reproduce lo que otros dijeron, haciendo referencia a lo que otro dijo:

“El gorila rubio esta detrás del mostrador y se para de golpe al vernos entrar. Nos saluda y nos pregunta si queremos tomar algo. “Él estaba parado ahí”, dice después, señalando con la cabeza al extremo del mostrador, próximo a la pared del frente”[5]

Por último en el relato de Luis Fiore los diálogos son precisos, objetivos, no dan mucha información sino la justa y necesaria, el estilo es directo:

“-¿No vas a volver a cerrar la tranquera?- dice.

-Estás borracho- dice.

-El señor se cree dueño del mundo y no es más que un ladrón de sindicatos- dice.”[6].

Esta distinción marcada en la reproducción de las voces demuestra las diferentes personalidades de los personajes que cuentan y los hace más reales o verosímiles. La subjetividad de cada uno nos hace dudar de la exactitud de los hechos, al final no se sabe con certeza cual es la verdad y los motivos del asesinato.

La narración:

 El texto narrativo es producto de la articulación de tres aspectos: las acciones narradas (la historia), las funciones que componen la historia (el relato) y la narración, o proceso por el cual un sujeto (narrador) asume la función de contar una historia. La ruptura que los escritores posteriores al Boom -como es el caso de Saer- llevaron a cabo con respecto a las formas tradicionales de narrar, hizo que la atención se desplazara desde los hechos narrados (la historia), hacia el modo de narrarla, esto es, hacia el relato y la narración.

Narrar una historia siempre implica asumir una perspectiva que otorgue sentido a los hechos. El narrador cuenta los hechos desde un cierto campo visual (esto es, según el lugar donde se ubique, puede “ver” con mayor claridad o no) y también a partir de una toma de posición acerca de los hechos que narra (por ejemplo, los valora, los desprecia o duda acerca de ellos). Por ejemplo, en la escena de la declaración, que es una escena clave, ya que es el punto de encuentro de las cuatro historias, Ángel la relata desde su visión de los hechos, desde el lugar que ocupaba en ese momento y su participación en el caso, además describe al asesino como el lo ve: “Tenía la barba de por lo menos una semana, y los ojos apagados. Se veía bien que hacía por lo menos tres días que no se lavaba la cara. Tenía un pulóver que dejaba ver una camisa de lana por debajo del cuello en forma de v corta y unos pantalones arrugados y sucios, no sé de que color. Los zapatos estaban llenos de  barro seco”[7] la descripción que hace Ángel del asesino es minuciosa y es él, el que nos da más datos sobre el suicidio y la declaración: “Cuando habló su voz sonó delgadísima, casi en falsete y muy débil.

-Juez- dijo.

Ernesto no respondió. El tipo se inclinó todavía más y yo vi que sus ojos estaban ya cerrados y apretados.

-Juez –repitió, con su voz en falsete.

Comenzó a sacudir lentamente la cabeza.

-Los pedazos – dijo-. No se pueden juntar.

Después saltó. Ninguno de los tres – Ernesto, el secretario, yo- se movió hasta que se oyó el estruendo de los vidrios y el tipo desapareció de la habitación...”[8] es a partir de su mirada que podemos conocer por ejemplo que fue lo que dijo Fiore antes de saltar por la ventana, y los detalles del salto y del diálogo anterior a la toma de esa decisión, también de las actitudes de los otros que estaban en el lugar, las reacciones: “Entonces el secretario se puso a correr por la habitación, diciendo “Dios mío” a cada momento. Ernesto le dio un empujón cuando el secretario le cortó el paso mientras él avanzaba lentamente hacia la puerta del corredor…”[9] . En el relato del Juez que le estaba tomando la declaración no se percibe ni una gota de humanismo, Ernesto es frío e indiferente ante los hechos, y presenta una mirada despectiva ante los demás, especialmente ante el suicidio de Fiore: “El asesino mira por la ventana, por la que entra la luz gris. “¿Su nombre es Luis Fiore?, le pregunto. Sacude la cabeza. Después me mira fijamente y me dice:Juez”. Después dice no sé qué cosa y salta por la ventana. Hay un estruendo de vidrios rotos, y después nada más...”[10]   

Por lo tanto, un mismo hecho puede generar relatos diferentes según las miradas o perspectivas desde las que el narrador observa el acontecimiento.

En Cicatrices el narrador sabe lo mismo que el personaje: el narrador narra desde el punto de vista de un determinado personaje, que vienen a ser lo mismo, narrador y personaje a la vez, (lo que se denomina visión con); por lo tanto, narra sólo lo que ve y sabe ese personaje.

La multiplicidad de la mirada

En Cicatrices, el lector conoce el mismo hecho a partir del relato de diferentes narradores, cada uno de los cuales tiene una perspectiva propia. La escena del asesinato aparece en el relato de cada narrador se repiten imágenes, situaciones y lugares como si se dudara de la manera de percibirlos. Saer consideraba que el realismo como categoría estética era inexistente y que había “tantos realismos como sujetos”. La narración de los hechos es, por tal motivo precisa y minuciosa y está guiada por el afán de registrar la acción desplegada en su mínimo detalle.


Si quieres leer la segunda parte, haz click en el siguiente enlace "Cicatrices" Juan José Saer. Las cicatrices de un análisis estructural

 




[1] Mijail Bajtín, art. cit. de Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz (1983): Literatura y Sociedad. Buenos Aires: Edicial. 

[2] Mijail Bajtín, art. cit. de Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz (1983): Literatura y Sociedad. Buenos Aires: Edicial. 

[3] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 17

[4] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 133

[5] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 216

[6] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 245

[7] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 74

[8] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 76

[9] “Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 76

[10] Cicatrices” de Juan José Saer Ed. La Nación pág. 21




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