Según Bruno Bethelhein las historias deben mantener la atención del niño, divertirle y excitar su curiosidad. Justamente es lo que sucede en “El cuentista”, ya que los niños quedan atrapados por el relato del hombre soltero, el cual utiliza distintas técnicas narrativas propias de la literatura contemporánea: antítesis, hipérbole, adjetivaciones, juegos con el lector que interactúa con la obra, etc.
Además Bethelhein opina que los relatos que enriquecen la vida de
los niños son los que estimulan su imaginación, ayudan a desarrollar su
intelecto y a clarificar sus emociones; esto también aparece en el relato de
“El Cuentista” cuando el narrador inventa situaciones absurdas para motivar la
imaginación y el intelecto de los niños, quienes cuestionan constantemente su
narración, por ejemplo: cuando los chicos preguntan por qué no había ovejas en
el parque y éste les contesta que era porque la madre del príncipe había soñado
que éste moría devorado por una oveja y que tampoco había relojes porque
moriría aplastado por un reloj. Estas aclaraciones que actúan como presagios y
a la vez encierran una crítica más a la literatura tradicional, satisfacen la
curiosidad de los pequeños oyentes y despiertan nuevas expectativas sobre el
relato, lo que ayuda a sosegar la ansiedad y la sed de conocimiento de los
niños.
El cuentista hace uso de su experiencia en la vida y quizás,
transgrediendo los límites que regularmente la tía tiende a marcar y no
infringir.
Hay una ley que la tía pondera y que el soltero sabe romper con el
objeto, no solamente, de llamar la atención de un público molesto, sino también
para crear un ambiente calmo, valiéndose de recursos didácticos propios de su
actuar en la vida. Él relata lo que a él mismo le gustaría escuchar, yendo en
contra de lo ya establecido.
Los chicos están contentos de que la niña buena muera, ya que no
están de acuerdo con la perfección de la bondad, porque es una mentira, muy
alejada de la realidad de la sociedad en que están insertas. El final
imprevisible los sorprende y supera todas sus expectativas.
Haciendo referencia al modo de relatar podemos decir que el
cuentista lo hace de manera sigilosa, cuidando los detalles y nunca se queda
sin palabras, lo que le da certeza y verosimilitud a la historia. Además su
manera de contarla paso a paso le otorga la belleza y el suspenso necesarios,
para hacerse dueño de las miradas de asombro y especulaciones de su público, encerrado
en su pequeño y propicio escenario.
Concluimos que la misma cumple con todos los requisitos de
literatura en cuanto a los recursos utilizados, en cuanto al modo de narrar que
trasciende los límites de lo convencional, y a la aceptación de sus destinatarios
que son niños pequeños de mentes abiertas, lo que recuerda el pensamiento de
Perrault y también de Rousseau en su “Emilio”, de que el niño es un adulto en
miniatura.
En el cuentista prevalece la idea de provocar en el niño un dolor
sin sentido, aunque traduciéndolo a la época circundante, estos están más
preparados para asumirlo. Por otro lado la idea de literatura didáctica nos
deja una brecha abierta, porque si vamos a la moraleja del cuento, esta sería
“No hay que ser tan bueno”.


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