Texto dramático. Pieza teatral dividida en dos partes, que cuenta la historia de Jimena, la esposa del Cid Rodrigo Díaz de Vivar, héroe legendario del Cantar de Gesta español que forma parte de la tradición de Castilla.
JIMENA:
Tiene 40 años. Es la viuda del Cid. Carga con el peso de la Historia sobre su
espalda. Se casó a los 14 años con el héroe legendario y es su sombra. Aún después
de la muerte de su esposo, no puede vivir su propia vida sin la opresión social
por la honra y el qué dirán. Esto se ve cuando ella debe usar ambos anillos,
tanto el suyo como el de su difunto marido como tradición social y lo acata con
sumisión: “¿Te has dado cuenta? Ahora llevo dos anillos en la mano derecha: el
mío y el del Cid…Es costumbre de viudas.”
Su
verdadero amor fue Minaya Álvar Fáñez, la mano derecha del Cid y su mejor
amigo. Quién ofuscado por la figura del héroe jamás pudo consumar su amor, ni
siquiera confesarlo, hasta llegado el momento de la despedida final con Jimena
en que se lo dice de frente, dos años después de enviudar. Pero, aun así, no
tiene el coraje de enfrentar al destino. "
Ella estuvo reprimida en una vida de apariencias donde priman las buenas costumbres. Y donde prima la honra sobre el amor. La figura del rey Alfonso es el dictador en su libre albedrío. Ella puede tener amoríos, pero jamás volver a casarse enamorada. Debe conservar la memoria del héroe intacta a pesar de la desmitificación que surge desde su condición de compañera. Ella conoció a Rodrigo como hombre, con errores, con miedos y debilidades. Y no debe más que mostrar su magnificencia por el bien de la Historia. Siendo necesario para ello, resignarse a perder a su amor real y anularse para siempre.
"A ti a mí, Minaya, la Historia, nos ha partido por el eje"
Jimena se encuentra perdida al saber que este camino no cambiará y que llegará la muerte sin haber vivido una vida plena en sus deseos de ser ella misma. “Otros días me miro en los espejos y me digo: ¿de quién son esos ojos? Yo tenía la mirada tan joven… ¿Seré yo aquella misma Jimena de otro tiempo u otra que ha nacido ya vieja?... Se acabó para siempre. Me han prestado esta vida que no me gusta. Se han llevado la mía…” El paso del tiempo la ha derruido en su fuero interno al punto de no saber quien es y de no ser capaz de luchar por su amor. Aunque lo intenta, cuando le pide al Rey Alfonso volver a contraer nupcias, pero esta vez con el hombre a quien verdaderamente ama, como es lógico, en esas circunstancias, la tratan de desvariada y no se lo permiten, ni el rey, ni su hija María. Entonces, al no quedarle más remedio, se despide de Minaya, aunque se le rompe el corazón, resignada, como el cumplimiento de otro deber a realizar.
“Para vivir hace falta más valor que para resignarse”.
“Y ahora más, que cuando estaba vivo, el Cid me separa de todo lo que amo”.
Tenga el lector conocimiento de la historia fuente, o no lo tenga, igual se ve atrapado por estas líneas, y conmovido por la condición angustiante de una mujer oprimida por las costumbres de la época. Las temáticas que se presentan en esta historia están teñidas de una mirada pesimista y poco alentadora para con el amor; el respeto por la honra, las instituciones sociales, la importancia de la figura de la mujer en la guarda de la honra del hombre, el machismo, la desmitificación del héroe medieval que busca ante la clausura de Jimena prevalecer en su heroísmo, la Historia que para conservarse suprime a los débiles y faltos de intereses políticos.
La lectura de esta obra me ha dejado un pensamiento que da vueltas por mi mente:
Nuestro gran amor no es más que un simple olvido que cada día intentamos
reproducir.

