El libro que elegí hoy para compartirles es una novela de
la literatura argentina contemporánea, no muy conocida, casi oculta podría
decirles, ya que en el ámbito educativo no se la trabaja, tampoco la escuché
nombrar en grupos de lectores. Se titula “Tu mano izquierda” es de la autora
Laura Meradi, publicada por la Editorial Alfaguara en el año 2009.
Si esto es así, ¿cómo fue que llegó a mis manos? Les
cuento, fue a través de mi padre, estaba en su biblioteca. Pero, ¿cómo llegó
allí? Mi hermana mayor le había regalado este libro para su cumpleaños, que
mejor regalo para un papá que le gusta leer que un libro, no? pero hasta que yo
lo leí, era un simple regalo nada más, no había percibido antes que quizás mi
hermana se sentía muy identificada con Cecilia y no podía decirle a él las
cosas que hubiera querido, entonces de alguna manera quería mostrarle a nuestro
padre muchas de las sensaciones que tuvimos de niñas con respecto a los
problemas matrimoniales entre él y mi madre. Yo también me sentí identificada
en muchas cosas en esta novela. Es para analizarla desde varias perspectivas,
con una lectura que te lleva, te induce y te transforma. Creo que Laura Meradi
con esta obra se anima a decir y lo hace maravillosamente bien, muchas cosas
que nadie se animaría, de las experiencias de la infancia, desde el miedo, el
deseo erótico y sexual, la oscuridad, los cuestionamientos, los vínculos y como
contraparte: la inocencia.
¿Quién es Laura Meradi, su autora?
Nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires, en 1981.
Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires, trabajó como guionista de
ficción y documental, y en la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires.
Desde 2005 varios de sus cuentos fueron publicados en la revista
Lamujerdemivida y otros medios de literatura. Ha publicado el libro de crónicas
“Alta rotación”, en el mismo año que esta emotiva novela.
¿Qué nos dice la
contratapa de la publicación?
Pariente actual de
otras niñas de la literatura, Cecilia es dueña de una intensa vida interior,
una chica incisiva y reservada, una suerte de inadaptada que despliega una
mirada aguda y lúcida sobre el mundo. Siempre atenta a los más sutiles
movimientos de su entorno, la exacerbación de sus sentimientos, deseos y
percepciones la lleva a descubrir la fragilidad y las contradicciones de su
cosmos.
Frente a la crisis
matrimonial que atraviesan sus padres, Cecilia se refugia en la estrecha
relación que mantiene con su hermano mayor, cuya mano – una mano llena de
verrugas, que es objeto de su vergüenza e inseguridad – representa a un mismo
tiempo el amparo y el desamparo al que ambos están sometidos.
Con su enfoque sin
concesiones y una escritura delicada e intensa a la vez, Laura Meradi descubre
en ésta, su primera novela, realidades a veces ocultas de la infancia. De eso
habla Tu mano Izquierda: de la fuerza de los deseos infantiles, de la seducción
y la sensualidad, de la guerra despiadada que una niña – cualquier niño-
entabla con sus padres y sus hermanos. Un relato para no olvidar lo que fuimos:
niños deseantes, sexuados, perversos, temerosos, desesperados de amor.
Les comparto un fragmento,
una escena para mí descripta con una precisión cinematográfica:
Mamá intentaba embocar el tenedor
en la boca de tu abuela mientras ponía la atención en cómo papá se servía la
ensalada. Siguió mirándolo mientras papá pinchaba el pescado y junto con el
pescado un tomate, y también cuando con la presión del tomate el pescado se
deshizo e igual se lo llevó a la boca y la comida le cayó sobre el pantalón. La
abuela intentaba coincidir con el tenedor de tu mamá, inclinándose lentamente
hacia tu lado. Recuerdo el tenedor cada vez más de costado y el pescado a punto
de caerse sobre el mantel. Vos, Cecilia, con la mirada fija en el plato y los
labios apretados, sin respirar siquiera, para que no se te metiera por ningún
orificio el olor de tu abuela. Y cuando volviste a respirar fue cuando
sobrevino el llanto. No escuchaste lo que pasó porque estabas concentrada en
que tu abuela no te derramara comida ni el olor, pero viste a mamá fijando los
ojos en papá y disimuladamente agarraste el cuchillo porque temías que ella lo
agarra primero y se lo clavara. Pero entonces mamá volvió a ocuparse de la
abuela y papá hizo un bollo la servilleta y la arrojó sobre la fuente de
pescado. Después se paró, empujando la mesa y no su silla, y desapareció por el
pasillo. Las dejó a las tres, que estaban sentadas frente a tu padre,
presionadas entre sus respectivas sillas y la mesa.
-Mi madre, tu hija y yo.
Dijo mamá levantando la voz, para que escuchara por encima del piano – te
agradecemos que nos dejes comer en paz.
Y ahí fue cuando respiraste
y sentiste que el pescado se te subía todo junto hasta la garganta. Agarraste
el vaso y te lo llevaste a la boca. Un vaso verde de plástico que te ocupaba
toda la cara. Te quedaste mirando cómo el jugo se movía con tu respiración,
esperando que el pescado volviera a bajar. Pero tu abuela apoyó su mano fría sobre
tu otra mano, la que habías olvidado quieta junto a la de ella, y se te
inundaron los ojos de agua. Apretaste con fuerza el bajo contra tus mejillas y
las lágrimas empezaron a caer adentro. Primero, verdes, teñidas por el color
del vaso, y después naranjas, mezclándose con el jugo.”
Un poco más sobre de qué se trata esta novela: Relata episodios
de la infancia de Cecilia, que experimenta la separación y reconciliación
posterior de sus padres, el tránsito de la etapa pre-escolar a la primaria y la
transformación de su hermano mayor, Manuel. Esta vida familiar se presenta al
lector a través de una perspectiva muy original: una voz narrativa que emplea
la segunda persona y se dirige a la niña Cecilia, narrando sus aventuras y
sentimientos. Conforme avanza la lectura, esta voz que le habla a un tú se va
identificando con un yo de
la adultez, seguramente el de la protagonista que evoca su infancia
desdoblándose (una constante de esta voz es la frase “[yo] recuerdo…”),
otorgándole a sus hechos una distancia que le permite explorar el lado siniestro de los acontecimientos. La
dimensión siniestra de Tu
mano izquierda se desarrolla a partir de escenas que revelan
el paulatino descubrimiento de la sexualidad en la niña protagonista, rara
mezcla de curiosidad inocente y pulsión erótica que nunca acaba de explotar.
Cecilia indaga este incipiente deseo con las figuras masculinas que la rodean:
su padre, su hermano y su compañero de juegos Leandro. En competencia con su
madre, debido a un notorio complejo de Electra inicial, Cecilia resulta
vencida, pues su padre se aleja por una crisis conyugal y luego retorna para
tener otro hijo. A causa de ello, la niña se identifica más con su hermano, en
quien se encarna otro aspecto de lo siniestro en la narración. Afectado por
unas verrugas en la piel que lo vuelven anómalo y de personalidad distinta,
Manuel sufre la amputación de la mano izquierda. ¿Habría que recordar que lo
izquierdo se identifica, desde la Antigüedad, con lo siniestro y lo abyecto? En
muchas lenguas derivadas del latín, como el castellano, siniestro proviene
precisamente de sinistra,
palabra latina para referirse al lado izquierdo. Tu mano izquierda es
una novela, compleja en su aparente brevedad y sencillez, que conjuga ternura,
perversidad, reflexión metaliteraria, memoria y deseo.
La canción que elegí para
ilustrar este bloque es
“Cuando comenzamos a nacer”
de Sui Generis, publicada en su famoso álbum “Vida” en el año 1972. Es una
canción de carácter existencialista, donde el yo lírico se cuestiona la
verdadera realidad de su vida, ¿quiénes somos desde el origen hasta el ocaso de
nuestros días, estamos destinados a una vida monótona y sin sentido? En la
primera parte de la canción puedo relacionarla a Cecilia a la protagonista de
esta historia, a esa niña que se encuentra sola frente al mundo del afuera
construyendo su interior como puede, con angustias, con cuestionamientos, con
sensaciones incomprensibles, con dudas sobre la felicidad y el verdadero
sentido del ser, del estar y del amar. Esa Cecilia que me recuerda a mi niña
interior que solía escuchar esta canción y se rebelaba contra el mundo, sabía
que el matrimonio de sus padres era una farsa, tenía miedo de hablar porque
sabía que la consecuencia de hablar sería una cruel verdad o una dulce mentira,
por ejemplo, cuando Cecilia no quería estar a solas con su abuela porque tenía miedo
de lo que ella podía llegar a decirle, ya que se daba cuenta de todo “y
encontrándose a solas te podía llegar a contar un secreto que vos no querías
escuchar”.
Cuando comenzamos a
nacer
La mente empieza a comprender
Que vos sos vos y tenér vida
Que poca cosa es la relidad
Mejor seguir, mejor soñar
Que lo que vale no es el día
Pero el sol está
No es de papel, es de verdad
Tenés una boca para
hablar
Y comenzás a preguntar
Y conocés a la mentira
Con tus piernas vas
a caminar
Y te comienzan a encerrar
Y ahí te quedas con tu rutina
Y qué vas a hacer?
Uno se cansa de correr

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